8 de septiembre de 2015

EL CONCURSO

Serie: Relatos cortos (5/10)
Por Angel Manero

EL CONCURSO

En el año 1,987 ingresaste al Colegio Nacional de Imperial -CNI- el primer año de secundaria tenía siete secciones, cuatro más que tu colegio primario.  El CNI era un espacio que reflejaba la sociedad de aquel entonces; allí estudiaban alumnos que provenían de familias acomodadas como los que no; estudiaban alumnos muy tranquilos y también los muy inadaptados;  todos revueltos y no había mayores problemas.

Un ritual de todos los años era el concurso de matemáticas tanto en la fase provincial como en la regional.  Siempre participabas por tu grado, y en un grado mayor participaba  Omar Y. y en dos grados mayor Pedro B. El Colegio tenía un gran equipo para competir y de hecho obtenían resultados bastante aceptables en la general y algunos primeros lugares.

Dos o tres meses previos a cada concurso había que prepararse con el profesor asignado. Una hora extra diaria para el estudio y ustedes eran unas esponjas, aprendían todo. Un día antes del concurso había que pasar el sombrero por los salones para recolectar dinero para los gastos del traslado y otros (había colaboración de los estudiantes). Lo más probable es que los profesores tutores no recibieran un incentivo monetario para prepararlos a ustedes, había sacrificio por el colegio, lo cual era resaltable pero no suficiente.

Años más tarde, después de haber ingresado a la UNI, te encontraste con algunos estudiantes que habían competido contigo y descubriste que había otro mundo alrededor de las matemáticas. Estudiantes que se preparaban en academias pre-universitarias desde el tercer año o colegios que contrataban equipos especializados de profesores o aportes que hacían los padres de familia para contratar profesores asesores.

No es que sus profesores o sus padres no hayan querido brindarles una preparación mejor; quizás no era un tema relevante o tal vez no había una persona que asuma el liderazgo en este asunto, que ponga las metas altas y que conozca la estrategia para ganar. Te diste cuenta que la frase “lo importante es participar” no es suficiente y mencionarla aislada hace daño. Es importante participar pero también lo es "salir a ganar" y para salir a ganar hay que tener estrategia y esfuerzo. Hay que evitar llenarse los bolsillos de guerras perdidas.

El equipo que tenía el CNI en matemáticas demostró años después, en los exámenes de admisión a las mejores universidades, que estaban entre los primeros del país ¿Qué había cambiado? pues simplemente una buena preparación en el lugar indicado.

Conociste lo competitivo que se ha vuelto la vida, y también que todos están es posibilidad de ganar. Las cosas van mejor cuando encuentras a álguien que los ayuda a definir el camino, álguien que conoce de triunfos. Cuando compites y no ganas, no te consuelas rápidamente, tienes una noche oscura de reflexión, pero allí queda, al siguiente día habrá nuevos retos que enfrentar.

La vida no te dejó de enseñar, y como dice la canción “maestra vida camará, te da y te quita, te quita y te da" En algún tiempo estabas en el mejor momento profesional y personal; y de pronto la salud te complicó unos años y de nuevo a replantearse. Entonces, es importante salir a ganar en lo que venga; pero también se debe mantener un balance personal en lo familiar y en lo espiritual; aunque estos últimos sean los concursos más difíciles de afrontar. 

7 de septiembre de 2015

La Huerta

Serie: Relatos cortos (4/10)
Por Angel Manero

La Huerta

Uno de los grandes beneficios de vivir en el campo es que tienes espacio para todo. Tenías tu casa al pie de la chacra grande -que era del abuelo- y había un pequeño terreno sin aprovechar que fue utilizado anteriormente para criar cerdos, unos chanchos enormes que eran capados a temprana edad para evitar un olor desagradable en su carne. Se vendieron los cerdos y quedó un terreno fertilizado naturalmente.

En la chacra grande se cultivaba algodón y en rotación podía ir el maíz choclo, maíz morado o maíz amarillo, en algunos casos menestras o maní de corto periodo. El algodón marcó una época, cuando llegaba la cosecha todos participaban; tu abuelo los despertaba antes de las 5 a.m. y a esa hora el rocío de la mañana acababa por humedecer toda ropa que llevaban. Salir en grupo a cosechar era una actividad de camaradería; era un lujo ver a grandes cosechadores en acción; personas que podían recoger hasta cuatro quintales de algodón por día, es decir cuatro veces lo que tú recogías.

Deberás reconocer que eras uno de los peores cosechadores. El abuelo te compensaba dándote la tarea de llevar los pesos y obtener – sin usar calculadora –  lo que había que pagarle a cada trabajador.  Lo bueno de la agricultura es que da mucho empleo y en este caso la cosecha de algodón era uno de los principales ingresos del año en el vecindario. Los agricultores no se hacían ricos con las cosechas pero daba lo básico para vivir.

En marketing, un “océano azul” se da cuando no existen competidores y puedes navegar sin chocar. Encontraste tu océano azul en el cultivo de algodón, cuando viste que en Imperial había un local que compraba la pelusa  –restos sucios de algodón que se encontraban en el suelo de la plantación o eran descartados al momento de seleccionar el producto para su venta.  Solo era cuestión de salir a recoger y varios sacos vendidos te generaban un ingreso mayor al que ganaban los adultos por jornada de labor.

Al final de la cosecha, quemar los restos secos de la plantación era una oportunidad para la fogata y la posibilidad de asar choclos, camotes o tostar maní en las cenizas que quedaban. No hay mejor comida que la que se come cuando uno está con hambre, pero una experiencia culinaria se hace perdurable cuando se realiza en el mismo campo de cultivo.

Con parte del agua que salía de la chacra grande, habilitaron la huerta familiar. Encontraron un vendedor de semillas en el mercado de Imperial, en la Av. Ramos cerca a Dos de Mayo. Semillas de apio, poro, culantro, perejil, col, col china, coliflor, nabos, zanahorias, betarragas, lechugas, cebolla roja, cebolla china, pepinillos y calabazas estaban disponibles.  Era una maravilla poner una semilla y en 30 días tener un alimento listo para la cocina.

La huerta fue un éxito productivo. La abundancia llega, pero no necesariamente la abundancia económica. ¿Qué harían con 50 enormes apios o 50 coliflores? una familia consume muy poco por semana. A veces llevabas tus productos y se los ofrecías a los vendedores de verduras. Era interesante ver cómo los mercados son sensibles a la oferta, cuando hay muy poco producto te pagan bien y conforme aumentan los envíos te bajan los precios.   

La huerta, sin quererlo, te resultó un laboratorio para entender “en pequeño” todo lo que pasa “en grande” con la agricultura nacional. La elasticidad de la oferta y demanda, la negociación, la diversificación, el enfoque de mercado, la dedicación a los cultivos son asuntos que se entienden mejor si has sido parte de ellos.  Pero por sobre todas las cosas, la huerta te permitió conocer de cerca y a corta edad, esa maravilla de crear vida, de plantar semillas y trabajar para la cosecha, de experimentar lo que se siente cuando las cosas no salen bien y que no hay lamentación que valga.

5 de septiembre de 2015

La Bicicleta

Serie: Relatos cortos (3/10)
Por Angel Manero

La Bicicleta

Te trae la memoria el día que conociste al botellero, aquel divertido personaje que cambiaba las botellas por pollitos. No sabes si te estafó, te dio un pollito por cada dos botellas -tus amigos decían que era uno por botella- Pero eso no importaba; tenías seis pollitos en una caja y había que abrigarlos. De aquellos seis, cinco llegaron a ser grandes pollos de plumas blancas, distintos a los coloridos pollos de corral.

Criar pollos era muy simple agua, maíz partido, algo de “nicovita”; lo mismo pasaba cuando criaban patos, conejos o cuyes. Aunque para estos últimos había que recoger, todos los días, algo de hierbas silvestres en el campo para alimentarlos. La sabiduría popular va enseñando qué plantas recoger; no es lo mismo “yuyos” o “grama” que los otros pastos resinosos que evitabas. También había que detectar si habían fumigado los campos para no acabar matando a los animales.

Todo bien, hasta que llegó Juliana, vuestra vaca. Una enorme “Holstein” a la que había de alimentar mañana y tarde para poder obtener 15 litros de leche por día. Sustentar una vaca puede resultar lo mismo que criar 100 conejos. Pero el gran problema de tener una vaca fue sufrir que sus hijos pequeños –terneros- sean vendidos al nacer porque no había forma de criar otro vacuno en casa.  

Pasaron los años y Juliana debió ir al camal. Esa es la naturaleza del campo, no puedes tomarle cariño a los animales que son comestibles. Juliana se fue, pero les quedó la maravillosa costumbre de tomar leche fresca en las mañanas. Entonces se hizo el milagro, apareció en tu casa la bicicleta que siempre quisiste tener; sin embargo, como bien lo enseña la vida “no hay beneficio sin sacrificio”. La bicicleta llegó para fines de recreación, pero también para que te levantes más temprano y vayas, todos los días, al establo lechero de Hualcará a comprar la leche para el desayuno.

La tienda de Don Lucas era una de esas grandiosas tiendas de barrio donde encontrabas de todo. Abarrotes, carnes, frutas, verduras, golosinas, útiles del colegio, kerosene, alcohol y desde luego el pan de cada día. Por un tiempo no llegaba pan francés; la dificultad del país con las importaciones de trigo dejó como única opción al llamado “pan popular” que a nadie le gustaba. Pero como no hay “bien sin mal” tampoco hay “mal sin bien” y entonces, el desayuno se convirtió en una experiencia gastronómica de papas, camotes, yucas, quesos y se hacían más frecuentes las maravillosas "torrejas cañetanas".

Por alguna razón ya no se podía obtener leche fresca en el establo de Hualcará, y cuando creías que descansarías de esa rutina diaria; tu madre se encargó de recordarte que siempre hay algo que hacer y esa bicicleta debía ser aprovechada. Resulta que al costado del Municipio de Imperial empezó a llegar, todas las mañanas, un vendedor de pan francés a precios bastante aceptables. Debías ir muy temprano porque había cola, y desde luego, la bicicleta estaba allí para usarse.

No es que la bicicleta te traiga malos recuerdos, todo lo contrario, con ella solías pasear por los campos de “El Conde”, llegar a bañarte en el canal de la irrigación de Nuevo Imperial o llegar hasta el rio Cañete por Montejato; conocer Cerro Candela, Cerro Alegre, San Benito, Quilmaná, La Quebrada, Carmen Alto, La Florida y los extensos campos de Herbay. La bicicleta te permitió conocer tu tierra de modo más cercano, pero por sobre todas las cosas: la bicicleta te enseñó a ser parte de tu familia, a que debes colaborar y participar para el bien de todos y en ese proceso acabarás divirtiéndote.

4 de septiembre de 2015

El Pañuelo

Serie: Relatos cortos (2/10)
Por Angel Manero

El Pañuelo

El centro educativo 21001 –ahora Zoilo Candela Sánchez- se ubica en la Urb. Ramos Larrea de Imperial. Para llegar allí, todos los días, debías de caminar cerca de 30 minutos. Sufrían los zapatos, por lo que debías llevar una escobilla para limpiarlos antes de entrar al colegio. Supongo que te matricularon allí porque tus hermanas estudiaban la secundaria en el colegio vecino “El Carmen”.

El 21001 era un colegio de unas 10 aulas, y fue todo un suceso la vez que los padres de familia construyeron, con diversas actividades, dos aulas adicionales. Para ese entonces conociste por primera vez lo que era una “parrillada” y una “frejolada con seco” pro-fondos.

El camino al colegio era una ruta acompañada de anuncios. En algún lugar se promocionaba la venida de un tal “Chacalón” en otro tiempo “Los Shapis con Chapulín”; años después comprenderías la importancia de estos personajes en la historia nacional de la música popular. En el colegio "El Carmen" había un letrero enorme que decía “El que estudia triunfa” y en un mural de tu colegio: “Yo quiero que me enseñe un maestro de verdad, que hábil maneje la tiza y defienda la igualdad…”.

Fue el año 1981 cuando ingresaste al primer grado con menos de 5 años. Para que te acepen, el director Zoilo Candela te tomó un examen. Te llevaron al aula y encontraste una niña de compañera de carpeta, el profesor Chung dibujaba algo en la pizarra. Había que copiar los dibujos en el cuaderno y descubriste que no podías hacerlos, aún recuerdas ese desconcierto del primer día; sin embargo la niña del lado hacía unas figuras perfectas; le pediste ayuda y ella te enseñó. Cómo olvidarla  –Ana María Q.- Al finalizar el primer año, te alegraste cuando en la clausura la llamaron para entregarle un diploma de primer puesto; y la sorpresa fue que el segundo puesto te lo dieron a tí. No podía ser de otra forma, si hacías lo mismo que ella.

Años después, empezaba el gobierno aprista, hecho que no cortó las sufridas huelgas de profesores. Pero había un profesor “de la estrella” que no hacia huelga y te metías a su clase. El profesor Mejía era un tipo ameno y exigente, al que por no hacer huelga le decían “amarillo”.

Había mucha diversión en el patio del colegio. Un día jugaban “La lleva” que consistía en atrapar al compañero. El problema de correr velozmente es que si te caes hay complicaciones, y en una caída te rompiste la ceja. Enormes cantidades de sangre te brotaron, tratabas de contenerla con la mano pero no se podía; álguien te alcanzó un pañuelo, luego te llevaron a la posta médica del jirón Sucre y te cosieron la herida.

Al día siguiente, al salir de tu casa para el colegio, tu madre te entregó el pañuelo lavado y planchado para que se lo entregues al propietario. Pero ¿Quién era? No recordabas quién te dio el pañuelo, preguntaste y nadie sabía. Llevaste el pañuelo varios días al colegio esperando que el propietario aparezca. Como resultado, te acostumbraste a usarlo y desde entonces y hasta ahora llevas pañuelos contigo.

Nunca apareció el propietario del pañuelo hasta hace unos meses, después de 29 años. Participaste en una reunión social en San Vicente y allí te presentaron a un emprendedor cañetano -Jaime F.- Para sorpresa de la vida, él se acordaba de ti, de aquel día que te caíste, y desde luego, de que nunca le devolviste su blanco pañuelo.  

3 de septiembre de 2015

Alicia

Serie: relatos cortos
Por Angel Manero

A inicios de los ochentas, el distrito de Imperial era la capital comercial de la provincia de Cañete. Allí llegaban camiones de lugares distantes del país trayendo diversos productos alimenticios. Para esos años había una población cercana a las 20 mil personas, número que aumentaba constantemente con los nuevos asentamientos humanos; ya teníamos “Asunción 8” y se estaba invadiendo un nuevo terreno agrícola formándose “Las Malvinas

El mercado de abastos de Imperial se desarrollaba en un tablero de nueve cuadras que invadía las calles del centro de la ciudad. Allí se repartían las áreas de ventas de vestido, calzado, juguetes, abarrotes, verduras, tubérculos, pescados, carnes, animales vivos y desde luego los puestos de comida. Las madres esperaban al domingo para hacer las compras de la semana y los niños debían ayudar a cargar las pesadas bolsas. 

El mercado era el centro social del distrito, y en el colegio estatal, la mayoría teníamos alguna vinculación familiar con el comercio; si alguno de tus padres vendía limones, tú eras el limonero; si tus padres vendían carne, te decían carnicero y así. También estaban los “chilenos” que vendían nísperos de Lunahuaná, haciendo referencia a la ocupación chilena de esta hermosa quebrada en los tiempos de la guerra del pacifico.

El mercado de Imperial estaba zonificado por tipos de productos, sin embargo habían casos como el vendedor de “pan con adobo” ubicado en un área diferente al de comidas, o su competidora la dulce y enorme dama negra que caminaba el mercado vendiendo sus panes con el siguiente pregón “llegó la morena de oro de San Benito, trayendo los ricos panes para Imperial, el que se come uno se come dos, el que se come dos se come tres” y acto seguido la picardía popular le agregaba en voz baja una frase “el que se come tres ...”

Tú tendrías menos de 8 años cuando viste a Alicia por primera vez, en medio del bullicio del mercado. Era una dama de tez oscura, muy alta, con un vestido raído por el tiempo. Su mirada triste te hacía pensar en qué le habría pasado, qué desconsolada suerte pudo tener esta mujer para ir como alma herida por las calles; qué tragedia le hizo perder la cordura. ¿Recordará acaso la alegría de sus años infantiles o el calor del abrazo de sus padres?

Sin quererlo, Alicia fue quizás tu primer ejercicio de empatía. Esa práctica de ponerse en el mismo lugar de la otra persona para experimentar lo que siente. Te metiste en el alma de Alicia y percibías, acertada o equivocadamente, que ella tenía que caminar y caminar hasta lograr conseguir algo de dinero o alimento; pero por sobre todas las cosas, caminar y caminar hasta sentirse agotada, impedida de pensar en su situación, muy cansada para odiar su pasado, sin fuerzas para reclamarle al destino.

Alguna vez te descubriste siguiendo a Alicia para escuchar lo que por ratos cantaba, te atraída su linda voz y en ocasiones la ironía de las letras “le dije muchas palabras de esas bonitas, con que se arrullan los corazones, pidiendo que me quisieras, que convirtieras en realidades, mis ilusiones …” Aún guardas esa habilidad para recordar las letras de las canciones, ahora es fácil conseguirlas completas; antes debías comprar los cancioneros “Anyarin Injante” que vendían en la 28 de Julio. 

Pasaron 30 años de aquella vez que conociste a Alicia, te detuviste a comprar en una farmacia de la avenida Ramos, te disponías a pagar en la caja y de pronto Alicia se apareció a tu costado; tres décadas y ella seguía erguida, casi imperturbable, burlándose del tiempo. Le diste los 10 soles que tenías en la mano y ella se fue a agradecer al cuadro del sagrado corazón de Jesús que había en la otra pared. Nueva ironía pensaste, un alma que por años iba y venía sin sentido; pero de alguna forma, quizás tenía mucho más fe que la que quedaba en tí.

20 de julio de 2015

CAÑETE: UN TREN HEMBRA

Hace 30 años, en la provincia de Cañete nacíamos sin conocer el agua potable; no había energía eléctrica por los constantes apagones; ni buen acceso a la salud y la educación era un rosario de huelgas de profesores  ¿vivíamos de milagro?
Es evidente que, a pesar de todo, avanzamos; y esto debido a que de alguna forma había un ingreso familiar generado por una actividad económica formal o informal. El empleo es la primera necesidad de la familia; si hubiera un buen ingreso familiar se puede pagar salud privada, educación privada, pero si no hay trabajo se da el peor escenario de violencia social y caos político.
¿Cómo fomentar el empleo sosteniblemente? No hay otra forma que promoviendo inversión y ¿cómo se promueve inversión privada desde el estado? La respuesta pasa por hacer infraestructura útil. Por ejemplo, un tren que une ciudades permite un desarrollo urbanístico que sustenta un posterior desarrollo de todo tipo de servicios, entre ellos uno fundamental para el agro: alimentar a las ciudades.
TREN HEMBRA
Hace unos días, el ex presidente Alan García ofreció, desde Cañete, promover el tren de cercanías Lima-Cañete; esto a días después de que Pedro Pablo Kuczynski ofreciera el tren ligero Huacho-Ica. Ambas propuestas conectarían con la red de Metros de Lima.
Los cañetanos debemos pensar en cómo hacer que la integración con Lima Metropolitana sea planificada; caso contrario, estos terrenos se van a llenar de invasiones populares desordenadas, y en muchos de los casos, ilegales. Debemos edificar ciudades modernas, con plenos servicios públicos y viviendas que puedan ser compradas por el poblador común.
Es destacable el respaldo político para el desarrollo de infraestructura ferroviaria en el país. Sin embargo la intromisión política puede tener riesgos en momentos que la empresa Graña y Montero está afinando la presentación de una iniciativa privada para el tren de cercanías Lima-Cañete-Chincha. En este contexto, lo lógico es apoyar la actual iniciativa del privado y tratar de complementar en siguientes etapas los tramos adicionales (Chincha – Ica y Lima – Huaura).
El titular de este artículo no tiene relación con que esperamos que Keiko Fujimori también se pronuncie sobre el tema; sino, porque quiero hacer diferencia del famoso tren que unía a Huancayo con Huancavelica apodado “tren macho” porque “salía cuando quería y regresaba cuando le daba la gana”. Por oposición y a modo de ironíaun “tren hembra” tendría la virtud de tener horarios más acordes con lo que un sistema integrado de transporte necesita.
Tenemos que hablar de un sistema integrado de transporte que permita disminuir las tarifas para el usuario, tener horas ciertas de arribo, mayor seguridad y desde luego planificar el desarrollo urbano de distritos como Imperial, San Vicente, Cerro Azul, Asia, Mala y Chilca en urbes que albergarán a cientos de miles de habitantes con mejor calidad de vida.
El impacto principal del tren para el agro cañetano es que la tierra agrícola del valle antiguo se urbanizará con un mayor dinamismo; sin embargo, no es tarde para recuperar los terrenos eriazos de las Pampas de Concón y hacer la gran irrigación que necesita Cañete, habilitando 20 mil hectáreas nuevas y atrayendo inversiones del orden de USD 750 millones. Solo este proyecto incrementaría el PBI provincial en más del 40%.
Por Angel Manero Campos
http://www.agraria.pe/columna.php?url=canete-un-tren-hembra

18 de julio de 2015

Angel Manero: AGRO VERSUS MINERIA

Casi todos los conflictos mineros en el Perú, y Tía María no fue la excepción, pregonan una frase contundente “Agro SÍ, Mina NO” y es que el agro está en el corazón de todos los peruanos. Hemos sido un país agrícola desde que las primeras civilizaciones se asentaron en nuestra tierra (CARAL 5,000 años atrás) hemos hecho agricultura ancestralmente, inclusive, por encima de los 4,000 m.s.n.m. algo increíble para otras civilizaciones del mundo.
Para profesionales como yo, que tuvimos la suerte de nacer en valles tan productivos como el de Cañete, el agro ha marcado nuestras vidas. Lo que se comía a lo largo del año era influenciado enormemente por la temporada de cosechas. Cómo no amar a la agricultura, si por ella dejé la Universidad Nacional de Ingeniería para estudiar una carrera vinculada al agro. Cómo no amar a la agricultura si mi mejor pasatiempo es escribir cada semana sobre agro.

Soy una persona que no podría estar en contra de la agricultura. Pero tampoco estoy en contra de la minería; de aquella minería que cuida el medio ambiente, que respeta a su entorno social y que paga impuestos para el desarrollo de nuestro país.

La agricultura representa actualmente (PBI, año base 2007) el 6% de nuestra economía, mientras que la minería e hidrocarburos representa el 14.4% de la economía. Para medir la importancia estratégica de un sector versus el otro, habría que tener en cuenta más elementos de análisis como generación de empleo, inversiones, impuestos que paga la actividad y encadenamiento con otros sectores.

El agro ocupa a cerca de 5 millones de personas, al 25% de la PEA (Población Económicamente Activa) del Perú; mientras que el sector minero e hidrocarburos solo ocupa a unas 200 mil personas, el 1% de la PEA. El  empleo del agro supera largamente a la minería, aunque las remuneraciones del sector minero formal son más altas. No me creo el estribillo de que por cada puesto de trabajo que ocupa el sector minero, se generan 9 empleos en otros sectores.

En el agro, las nuevas inversiones calculadas a partir de las importaciones de equipos de riego y maquinaria agrícola, además de la inversión pública en infraestructura no superan los USD 500 millones anuales. Mientras que la inversión minera supera fácilmente los USD 5,000 millones anuales.

El agro prácticamente no paga impuesto a la renta, los cerca de USD 200 millones que paga anualmente, se netea con lo que reciben las agroexportadoras por concepto de drawback. Mientras que las empresas mineras aportan cerca de 30% del impuesto a la renta que recauda el país. No obstante, un agro mucho más capitalizado y desarrollado, en un par de décadas será principal contribuyente del país.

En el encadenamiento con otros sectores, es indudable que el agro tiene ventaja tanto en los servicios de alimentación al país como con la industria de alimentos. El sector minero sustenta a una industria metalmecánica, que aunque importante, no llega a superar los USD 500 millones en exportaciones.

El tema de fondo es que no debe haber una oposición entre la minería y el agro. Con claros estándares de respeto al medio ambiente e instituciones fuertes para promover solo los  proyectos mineros que sean ambiental y socialmente viables; no tendríamos que sufrir protestas que paralizan las economías regionales.

Tenemos que ver a la minería como una actividad que no superará el año 2050. Para esa fecha los minerales tendrán sustitutos sintéticos más baratos y disponibles en cualquier país del mundo;  la riqueza minera que tenemos enterrada se quedará allí para siempre. Debemos aprovechar ahora,  sacar esa riqueza que tenemos y generar ingresos fiscales para que nuestro país desarrolle la infraestructura que nuestro agro necesita para ser líder en el mundo -en más productos de lo que es ahora-.

Nuestro agro con mejores carreteras, con ferrocarriles, con mega puertos y aeropuertos, más represas para nuevas irrigaciones, canales de conducción del agua, mercados mayoristas modernos, con recursos de financiamiento y capitalización para nuestros productores; hará que el Perú asuma el liderazgo mundial en otros productos: en lo forestal, tubérculos, oleaginosas, flores, frutas exóticas y desde luego la gran industria alimentaria con insumos más frescos y naturales.

¿Y por qué el agro debe ser priorizado en la agenda nacional de inversiones y promoción económica? Primero porque lo dice la Constitución (Art. 88) y segundo porque dejándonos de vainas la Diversificación Productiva no necesita de mucho análisis: en lo único que el Perú gana y ganará campeonatos mundiales sostenidamente es en la agricultura y lo hemos visto con caña de azúcar, espárragos, capsicum, uvas, paltas, mangos, alcachofa, cafés y cacao premium, granos andinos, tara, cítricos, arándanos y próximamente las frambuesas.

El agro debería ser la apuesta país por el futuro y para tener los músculos necesarios para pelear con el mundo, necesitamos infraestructura ¿y cómo financiamos la infraestructura? pues con los impuestos que debe pagar la minería, los hidrocarburos y demás sectores.
Por Angel Manero Campos
http://www.agronegocios.pe/columnas/politica-agraria-por-angel-manero/item/5914-agro-versus-mineria

Angel Manero: ÁRBOL VERSUS MÁQUINA

Según datos del PLANCC, el Perú en el año 2009, emitió gases de efecto invernadero (GEI) por el orden de 0.13 GT (Giga Toneladas) de CO2 equivalentes. Cabe indicar que siendo el metano, el óxido nitroso y los fluorocarbonados gases causantes del efecto invernadero en adición al dióxido de carbono; el impacto de todos ellos se mide en unidades equivalentes (CO2e).
Considerando la tendencia de incremento de los GEI de la década anterior, para el año 2015 debemos estar emitiendo cerca de 0.15 GT de CO2e; es decir 150 millones de TM de CO2e. ¿Pero qué significa esto en términos de árboles?

Los árboles utilizan el CO2 del aire para edificar su propia masa corporal (celulosa) en un proceso orgánico. Sin embargo, también emiten CO2 cuando parte de su materia vegetal se descompone en el suelo. Por eso cuando hablamos de árboles como mecanismo colector de CO2 (sumidero) debemos hablar de absorción neta (absorción neto de emisión). También hay que tener en cuenta que la cantidad absorbida de CO2 varía según la edad y especie de árbol además del entorno. Según bibliografía y en términos conservadores podemos decir que un árbol tiene una absorción neta de 1 TM de CO2 durante toda su vida.

De lo anterior podemos inferir que si el Perú quisiera neutralizar sus emisiones de GEI atemporalmente (el CO2 de las emisiones de hoy se absorberá durante la vida del árbol) deberíamos sembrar cada año 150 millones de árboles. Aunque el cálculo anterior no considera que ya tenemos bosques que absorben CO2 todos los días. ¿aproximadamente cuántos millones de árboles tiene el Perú?

Hace unos meses Barack Obama mencionó una frase fundamental "Debemos ponerle precio al CO2". Es decir establecer un mercado que marque el valor monetario que los ofertantes (proyectos que absorben CO2) estén dispuestos a aceptar y el precio que los demandantes (países o empresas contaminadoras o con responsabilidad solidaria con el medio ambiente) estén dispuestos a pagar. Este precio de equilibrio estará muy por encima de lo que se paga actualmente por TM de CO2 en el mercado de bonos de carbono: aproximadamente USD 7 por TM (CFI2Z5: emisiones de Carbono Futuros - Dec 15).

Si habría que marcar un precio hoy para cada TM de CO2 que haga que funcione un mercado de empresas dispuestas a recolectar tanto CO2 como sea posible, yo diría que este precio debe estar alrededor de los USD 50 por TM. Es decir un monto suficiente como para implementar un proyecto forestal y mantenerlo en el tiempo. Claro está que montos de esta magnitud motivaría a que pronto se desarrollen grandes máquinas absorbentes de CO2 -que colateralmente produzcan energía y oxígeno- en un proceso inorgánico sin la necesidad de la procreación natural del árbol.
Por Angel Manero Campos
http://www.agronegocios.pe/columnas/politica-agraria-por-angel-manero/item/5154-arbol-versus-maquina