18 de febrero de 2020

LA LEY MADRE PARA EL AGRO

Fernando Belaunde Terry solía hablar de la “lengua madre” para referirse al quechua, evocando los “Comentarios Reales de los Incas” de Garcilaso de la Vega. El quechua era una lengua en evolución cuando llegaron los españoles, una lengua de exclusivo uso oral pues no tenía escritura. Como sabemos, la escritura es uno de los elementos centrales para fortalecer una cultura y una estructura de poder más sólida.

La lengua madre existió y fue quizás el mejor instrumento de expansión de los Incas, una herramienta que funcionaba a pesar de sus limitaciones. Del mismo modo, existen leyes que funcionan a pesar de sus defectos o carencias; y del otro lado, existen leyes espectaculares en cuanto a objetivos y fines pero que no logran resultados en la práctica.

El gobierno de Toledo nos dejó la idea de compensar el daño, al agro nacional, por las importaciones que vendrían a partir de los TLC. Solo en idea, porque en la práctica: el trigo, maíz, y los lácteos han sido afectados, sin recibir medidas compensatorias que hayan amortiguado el golpe.  

Después, fue abrumador ver las ganas del presidente García por sacar adelante su Sierra Exportadora; pero la dimensión del reto, más la falta de instrumentos apropiados y la poca voluntad de sus ministros por avanzar con el tema, hicieron que esto solo quede en un sueño.

Humala, pensó que con inversiones en infraestructura de almacenamiento de agua iba a resolver el problema del agro. Su programa “MI Riego” además de ser muy limitado, se quedó en la ineficiencia de ejecución, con obras paralizadas e inconclusas hasta la fecha.

PPK nos dejó AgroPróspero, una propuesta que combinaba infraestructura, siembra y cosecha de agua y asistencia técnica. Sin embargo ya sabemos qué pasó con PPK. Aunque mucho antes ya se había abandonado la propuesta, luego de la salida de Hernández del MINAGRI. En adición, las inundaciones del 2017 prácticamente dejaron al Ministerio como el recurrente “descolmatador de los ríos”.

El Congreso de la República por su parte, nos ha dejado leyes para favorecer los mercados agropecuarios, la tecnología, las semillas, la siembra y cosecha de agua, la promoción de plantaciones forestales etc, etc. Solo nos falta la Ley para que los grupos religiosos promuevan agricultura en zonas de frontera…  bromas aparte, hay que decir que casi todas estas leyes han partido de buenas intenciones, pero en la práctica solo han contribuido al calentamiento global, gastando papel innecesariamente.

La reciente aprobación por parte del gobierno del DU 043-2019 para extender los beneficios de la Ley de Promoción Agraria (27360) por 10 años más; dejó en claro, que ésta es una ley para la agroexportación; quedando en el deseo, una Ley que verdaderamente sirva a los intereses de la pequeña agricultura. La Ley Madre del Agro que muchos pedimos y queremos, pero creo que nadie sabe cuál sería.

Si seguimos la inercia, cada año la pequeña agricultura empeorará.  Ya lo he explicado antes, la oferta del agro es más grande que la demanda local, por ello los precios y el poder de mercado de los pequeños productores es nulo. La teoría económica diría que progresivamente la oferta disminuirá y los precios mejorarán. El punto es que este “milagro económico” debió darse hace más de 20 años, pero la dispersión y nula coordinación de más de dos millones de pequeños productores hace muy difícil alcanzar un equilibrio razonable de mercado. Está claro que necesitamos menos oferta de alimentos o más demanda por ellos.

La menor oferta local de alimentos se puede dar si incorporamos cultivos industriales no alimentarios, exportando más o simplemente dejando que el agricultor deje de sembrar. Esto último se viene dando, a baja intensidad, con la venta de predios agrícolas para proyectos urbanos. Pero para que tengan una idea, una ciudad de mil cuadras residenciales, requiere una extensión de mil cuatrocientos hectáreas; ello es poco si consideramos que, solo en la costa, tenemos más de 500 mil hectáreas de pequeña agricultura.

El punto es que si dejamos esto a la propia dinámica del mercado, el costo social será muy alto para el país. Parte de ese costo ya lo venimos pagando con el abandono del sector rural, hacinamiento de las ciudades, desempleo y pobreza. Dejar el problema del agro sin respuesta por parte del Estado, implica reconocer que la clase dirigente del país no sirve al pueblo.

Mucho de lo anterior, es un proceso que se da en el mundo; sin embargo, el mundo ha sabido implementar programas de subsidio al precio, o bonos al productor, compra de la producción o fondos para compra de tierras rurales o simplemente cerrando sus fronteras a la importación.

¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Una gran Ley puede resolver un problema tan complejo? para empezar, las leyes no necesariamente las deben desarrollar los abogados (ellos pueden asesorar y corregir el texto final) una Ley para el agro debe hacerse con gente de experiencia en legislación, en gestión ministerial, de gobiernos regionales, en producción agropecuaria y de negocios en el sector privado. Hacer una Ley pasa por proyectar, en la práctica, cómo funcionaría operativamente, y superar todos los cuellos de botella para que realmente funcione. Una Ley y su reglamento son partes del mismo cuerpo y deben hacerse al mismo tiempo.

La Ley Madre que requiere el agro, necesita de las mejores mentes, personas y voluntades; al inicio será construir una torre de babel con muchas lenguas, pero es posible orientar una propuesta sólida. Esta propuesta diseñará un instrumento que no será para el 100% de la masa de pequeños productores -en términos de mercados, logística y presupuesto ello representa un imposible material- pero sí podríamos llegar a más del 20% de la masa de pequeños agricultores, lo demás mejorará como consecuencia del dinamismo propio del sector.

Mi propuesta pasa por un agresivo programa de desarrollo de proveedores, algo que diseñé en el 2017 siendo Director Nacional Agrícola, pero quedó en la incubadora. Dicha propuesta pasa por vincular de manera efectiva a pequeños productores con cooperativas, empresas industriales o empresas agroexportadoras con un paquete de incentivos fuerte para capitalización, financiamiento, tecnología, semillas y asistencia técnica. Este programa llegaría a unos 500 mil productores agropecuarios bajo la premisa de: mercado seguro e incentivos para que los mismos privados hagan negocio con una subvención estatal. Es lo más seguro que puede hacer el Estado en términos de minimizar riesgos.

Un programa como el anterior costaría cerca de S/ 1,500 millones anuales, durante 10 años. Es algo que se podría montar rápido y sin mayor burocracia, implementando un nuevo componente en el programa AGROIDEAS.

Ing. Angel Manero Campos

7 de febrero de 2020

AGRO: LA GUERRA DE DOS MUNDOS


La Universidad Agraria La Molina se acordó que debe ser el centro de la agenda agro del país y organizó un seminario de análisis sobre la pertinencia de la extensión (mediante DU 043 – 2019) de la Ley de Promoción Agraria (Ley 27360).

Resalto de la jornada; los mundos opuestos en las presentaciones de Eduardo Zegarra y Fernando Cillóniz. Para Eduardo, es impertinente la Ley de Promoción Agraria porque brinda un trato diferenciado a empresas que ya tienen cientos de millones en ventas y más de 10 mil trabajadores bajo el régimen agrario y porque además se les recorta los derechos laborales a dichos trabajadores; para completar el combo, siguió con la preocupación por la sostenibilidad ambiental y uso del agua. Para Fernando, la Ley de Promoción Agraria es un elemento de formalización del empleo en el sector y además el sine qua non para la inversión y sostenibilidad del mismo; para completar el combo, siguió con un avemaría por la constitución de 1993 y la propuesta de extender la ley 27360 a todos los sectores.

Si hay que resumir de modo coloquial lo anterior: para Eduardo Zegarra, la Ley de Promoción Agraria y su extensión es obra de satanás; y para Fernando Cillóniz, dicha Ley nos salvó del cólera, ébola y nos librará del corona virus.

A mi parecer ni uno, ni lo otro. El desarrollo agroexportador que es vital para el país, se gatilló principalmente por la facilidad del acceso a la tierra y su bajo costo dado que los terrenos de Villacurí prácticamente se invadieron y los proyectos de irrigación vendían a USD 1500 la hectárea en promedio. El espárrago fue el jalador de todo esto, un producto con mercado y ventajas comparativas que lo hacían rentable. Lo demás ya fue inercia de empresas que querían seguir creciendo, un SENASA que ayudaba a abrir mercados y una Ley 27360 que acompañó bien sin ser el gatillo principal.

Sobre el tema laboral, yo invitaría a la gente de izquierda a ir una madrugada 4:30 am a la Avenida La Mar del distrito de Imperial, provincia de Cañete.  Van a ver un mar de gente desempleada, esperando que llegue un jalador a darle la chamba para el día. Verá que en buena temporada menos del 10% se queda sin chamba. Pero el resto del año, más del 30% no consigue para el sustento diario. La base fundamental debe ser que haya trabajo, empecemos por allí -con todos los derechos, con menos derechos- es lo que menos le importa al hombre o mujer que no consigue algo.

Además, hay que decir bien claro que el sector agroexportador goza de tres subsidios: el drawback, menor pago de ESSALUD y el impuesto a la renta de 15%. ¿Hizo bien el gobierno en extender los beneficios de la Ley de Promoción Agraria por 10 años más? Yo creo que sí.

Quién en su sano juicio con un mundo revuelto entre USA y China, con el virus éste y después vendrá otro, y con una economía peruana que crece pobremente; va a poner en riesgo el crecimiento de la agroexportación, que es uno de los pocos motores de la economía que nos queda ¿Quién va a ser tan loco para cargar con el peso de quitar una Ley que -a pesar de sus defectos- es muy útil? ¿el nuevo congreso?

El nuevo congreso tiene que asegurarse de no pasar a la historia como un accidente más de la democracia. Debe concentrarse en elegir bien a los miembros del TC, en darle forma y acabar la reforma política que es un sancochado y sin duda la reforma de justicia. Más allá de eso, no alcanzará tiempo y es recomendable no exponerse a querer hacer todo para acabar haciendo nada.

Para finalizar y al igual que en el libro “La Guerra de Los Mundos” de Orson Welles, no fueron los tanques, ni los barcos de guerra los que destruyen a los invasores extra-terrestres; lo que los mató fue un virus similar a una simple gripe. Del mismo modo, será el crecimiento de misma la agroexportación lo que resuelva el problema de la informalidad y precariedad del empleo en el campo.

En 10 años será el trabajador quien ponga las condiciones a razón de que la mano de obra será escaza. Que me pagas la grati en julio y diciembre o me depositas la CTS o cualquier otro tema, no será relevante al final. Será el trabajador quien diga me pagas tanto diario, al mes o al año y de esta forma. Claro está que progresivamente el campo se va ir tecnificando más, para llegar luego a un equilibrio. Pero los siguientes 10 a 15 años se caracterizarán por escasez de mano de obra.

Por Ing. Angel Manero Campos