4 de abril de 2020

MI AGRO. TU AGRO. NUESTRO AGRO

Acabo de leer un comunicado de la asociación de ganaderos SONAGAN criticando la propuesta del "bono" de S/ 1,000 por agricultor solicitado por CONVEAGRO y los Regantes del país. Al respecto voy a hacer el análisis de la situación para terminar con una sugerencia al gobierno.

Tenemos el antecedente del Fenómeno del Niño del año 2017 cuando dimos, como Ministerio de Agricultura, S/ 1,000 por hectárea a los agricultores más afectados; además se les entregó semillas y fertilizantes a razón de S/ 1,000 por hectárea para el caso de cultivos temporales y S/ 1,500 por hectárea para el caso de cultivos permanentes. Fueron S/ 55 millones que se entregaron a los productores. Fue insuficiente, faltó plata, había mucho más agricultores que atender pero el MEF no veía con buenos ojos estas reparticiones. Sin embargo, el antecedente es que se entregó (en efectivo e insumos) más de S/ 2,000 por hectárea a cada agricultor afectado.

Ahora la situación es algo diferente. En primer lugar, el productor agropecuario sigue en actividad, pero con sobrecostos por la mano de obra e insumos más caros o por el transporte más costoso que hace que le paguen menos por el producto. En segundo lugar, y más importante, el pequeño productor llega a esta crisis en condiciones precarias puesto que los últimos 10 a 15 años han sido complicados para el campo.

Adicionalmente, es posible que la importación de productos como el trigo, soja y maíz amarillo duro se afecte un poco en el futuro dado que los países del hemisferio norte van a aumentar sus stocks de almacenamiento por seguridad alimentaria.

En consecuencia, con una responsabilidad mayor que otros años, vamos a sostener la seguridad alimentaria nacional en nuestra pequeña agricultura. Si antes del COVID 19 abastecía más del 70% de la alimentación nacional, en unos meses aumentará esa participación.

Lo paradójico es que tamaña responsabilidad recae en un agricultor descapitalizado y con limitaciones de capital de trabajo para la siguiente campaña. El hecho que el agricultor siembre y coseche no quiere decir que haya tenido capital de trabajo para disponer de semilla, fertilizante y control sanitario apropiado.

La oportunidad es aprovechar esta crisis para darle algo de competitividad a la actividad agraria (agricultura y ganadería) y al mismo tiempo implementar política pública que la haga sostenible.

El productor agropecuario está en condición vulnerable y eso lo hace inmediatamente acreedor del incentivo monetario de 380 x 2 = 760 soles. Ello es algo de rutina, que le corresponde en el marco de la estrategia de control de daños del gobierno y no debe llamarse "bono agrario" porque ello se destinará a alimentación, no alcanza para el cultivo o crianza.

El bono agrario deberá ser un incentivo mayor que permita ayudar a resolver un problema que se viene arrastrando más de una década. Soy de la idea de iniciar de una vez, y dentro de la estrategia de recuperación económica del gobierno, un programa masivo de competitividad que combine asociatividad, mercado seguro, tecnología, genética y asistencia técnica. Destinar (mayor monto en cultivos permanentes que temporales) un promedio de S/ 10 mil por hectárea para productores que estén organizados o articulados a un comprador calificado. Estos fondos serán no reembolsables en un 50%.

El productor, una vez capitalizado, podrá acceder de mejor forma al financiamiento y éste es el otro tema, en paralelo, que hay que resolver mediante un fondo de cobertura y garantías.

Podemos avanzar con 150 mil hectáreas por año. En un horizonte de 10 años, habremos fortalecido a 1.5 millones de hectáreas de la pequeña agricultura. El presupuesto requerido es de S/ 1,500 millones anuales.

Aprovechemos esta coyuntura para resolver de verdad el problema del agro; evitemos darle solo un caramelo, que no llegará a tener impacto productivo.

Ing. Angel Manero Campos

20 de marzo de 2020

AGRO Y EL COVID 19

Estamos en plena “cuarentena temporal” de dos semanas y el mejor escenario que podemos tener es que con el esfuerzo de todos y la gracia de Dios, ésta funcione; que lleguemos a fin de mes con una reducción sustancial de nuevos infectados o que sea idealmente cero. De allí debemos contar 14 días para recién poder levantar la cuarentena, puesto que es el periodo en que puede permanecer latente el virus en nuestro organismo sin mostrar síntomas. Es decir, estamos hablando de una cuarentena de 30 días en el mejor de los casos. De allí se supone que podemos volver a cierta normalidad, aunque siempre con medidas de control para que el virus no ingrese por nuestras fronteras ya sea por los medios de transporte convencional o por ingresos ilegales de personas. La idea es resistir al máximo hasta que llegue la vacuna.

El gobierno ha asignado 380 soles para tres millones de familias vulnerables, para que puedan subsistir en estas dos semanas, allí van 1,140 millones de soles, estimo que la primera quincena de abril volverá a dar otro bono similar totalizando S/ 2,280 millones; lo cual no llega ni al 0.03% del PBI. Pero un mes de paralización del sector privado, resta varios puntos porcentuales a nuestra economía.

En estos últimos días se cortó la campaña de exportación de mangos, la misma que ya tenía un avance de más del 90% y clientes del extranjero desesperados por recibir nuestra fruta (el mundo necesita alimentos) las empresas tenían problemas porque en la práctica el toque de queda, y comprensiblemente, la policía limitan la movilización del personal; además muchas personas no querían ir a trabajar y está el miedo de las empresas de ser lapidadas en caso algún trabajador, o los familiares de ellos, lleguen a perder la vida con el COVID 19.

Este mes, también debe empezar la campaña de palta, aunque supongo que retrasará su inicio esperando el fin de la cuarentena. La palta resiste en el árbol unos 45 a 60 días. En abril ya empieza parte de la campaña de cítricos; los espárragos y arándanos están más tirados a la segunda mitad del año.

El punto es que un país como el Perú difícilmente resiste una cuarentena prolongada. El caos social de la paralización del sector privado haría muy difícil mantener el orden público pues proliferarán saqueos e irrespeto a la ley, por lo que todos los peruanos tenemos el deber de hacer nuestro mejor esfuerzo estos 30 días.

También hay tareas que debe cumplir el Ministerio de Agricultura y no lo esta haciendo. Por ejemplo, estos días y la próxima semana vamos a ver continuas alzas de precios en los alimentos. Estas alzas no son generadas por la escasez sino porque las limitaciones a salir de casa, motivan que se compre para toda la semana, entonces se genera escasez momentánea. El Ministerio debe monitorear los mercados constantemente e instruir a la población sobre qué producto empieza a subir de precio, para que la gente deje de comprarlos y opte por algún sustituto; verán que en unos días los precios se normalizan y no tendremos problemas.

El MINAGRI debe monitorear cada empresa agroexportadora para evaluar los cuellos de botella y tener una idea más cercana del problema. Tener en cuenta que la actividad exportadora permite dinamizar algunos servicios conexos como el transporte, que guarda relación con el agro tradicional. La carga por general es de un solo sentido y en el otro sentido se complementan con los diversos sectores. Pero si la economía está parada, traer los alimentos del pequeño agricultor a los mercados costeños será más costoso.

Adicionalmente, debemos tener presente que la anemia puede desbordarse en este periodo, por lo que no es mala idea pensar en algún programa social que entregue alimentos ricos en hierro. En ese sentido el programa a “Comer Pescado” debería relanzarse estos días.

Se necesita liderazgo en cada sector del gobierno, liderazgo que pasa por tener personas especializadas en cada puesto. Hemos estado acostumbrados a ver un Ministerio de Agricultura relacionado a descolmatar ríos y no un Ministerio promotor de la competitividad de los productos agropecuarios y de la seguridad alimentaria.

Ing. Angel Manero Campos

11 de marzo de 2020

UNA RECARGA PARA NUESTRO CAFÉ

Un café, recién pasado, te activa la mente. Los flavonoides, que le dan color, son antioxidantes y no es un secreto que, después de cada comida, un cafecito ayuda a conservar el buen aliento.
Hace un par de años visité la FICAFE, la feria internacional que se realizó en Villa Rica, allí encontré a Omar Moreno “mochila de fumigación” al hombro, regalando tazas de café a los asistentes. Una pareja de visitantes cercana tuvo un comentario negativo: el café es cancerígeno. Vamos a analizar este punto:
Todo empezó el 2010 cuando el Council for Education and Research on Toxics (CERT) demandó a 90 cafeterías (starbucks incluida) de los Angeles/California por incumplir una Ley que obliga a las empresas a alertar a los consumidores sobre la presencia de sustancias, que pueden favorecer al desarrollo del cáncer. La sustancia cuestionada es la acrilamida de presencia relativa en los cafés y otros alimentos. El juez del Tribunal Superior de Los Ángeles, Elihu Berle, dictaminó a favor del CERT.
La polémica de la referida sentencia judicial es que los demandantes solo necesitaban demostrar que había trazas de acrilamida en el café para que su reclamo prosperase. Nadie duda de que el café contenga acrilamida; sin embargo, al igual que el “cadmio” en el cacao, el riesgo está relacionado con la cantidad total que consumamos a lo largo de nuestra vida. Según las referencias de una nota científica publicada en “El País” un adulto de 80 kilos que consuma menos de 208 microgramos de acrilamida al día, no tiene riesgo de favorecer el cáncer; aunque deberíamos llevar la cuenta ya que un cigarrillo contiene unos 2.3 microgramos de acrilamida, una tostada de pan contiene cinco microgramos y una bolsa de papas fritas siete microgramos. Una taza de café suma entre 0.9 y 2.2 microgramos de acrilamida. Hay que añadir, según la nota de “El País” que un café recién pasado tiene menos acrilamida que un café instantáneo y además las variedades arábicas (granos alargados) tienen menos de esta sustancia que las variedades del tipo robusta (granos redondos).
En el 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) que clasificó la acrilamida, como sustancia posiblemente cancerígena, determinó a través de la International Agency for Research on Cancer (IARC) que no hay sustento concluyente de que el café cause cáncer. Además, han indicado que su consumo podría proteger del cáncer de hígado y de endometrio. Adicionalmente, el año pasado, Sam Delson portavoz de La Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental (OEHHA) de California determinó que beber café no representa un riesgo de cáncer para las personas, todo lo contrario, podría reducir las probabilidades de contraer esta enfermedad.
Despejado el tema del cáncer, vamos al meollo del problema del café: los precios para el agricultor. Actualmente el precio en bolsa para un café arábico peruano es de USD 130 por saco (60 Kg.) lo que da para pagar unos cinco soles por kilo en chacra, ello apenas cubre el costo de producción local.
Para tener idea de magnitudes, el año pasado el Perú produjo cerca de 6 millones de sacos, de los 170 millones que produce el mundo. Brasil suele producir entre 50 y 60 millones de sacos; Vietnam, que es el segundo productor mundial, cosecha aproximadamente la mitad de Brasil y Colombia, el tercer productor mundial, es la cuarta parte de Brasil.
Lo que puede hacer el Perú, en términos de oferta, no impacta sobre el mundo. Si vamos a competir por precio, con una estructura productiva de pequeña agricultura, difícilmente le ganaremos a Brasil y si vamos a competir por calidad tenemos una esperanza: acercarnos y superar el estándar colombiano que, por su arábica, recibe USD 30 por encima de Perú. Esto no resta a que podamos aprovechar nichos pequeños de orgánico más comercio justo, certificaciones especiales, o calidad de taza.
En el 2016, Geni Fundes me buscó en el Ministerio de Agricultura, él tenía la visión de implementar en Perú, la subasta internacional de Taza de Excelencia. Al año siguiente, lo hicimos. Se realiza una competencia interna previa para seleccionar los mejores lotes, estos son tasados por catadores nacionales e internacionales acreditados por la organización de Taza de Excelencia y de allí va a subasta mundial. Se logró vender lotes de café por USD 10 mil el saco. Lo anterior es algo espectacular, pero solo representa oportunidad para algunos, aquellos productores campeones que puedan sostener una alta calidad de taza y tener herramientas para poder vender su café a estos estándares. Este nicho, que hay que aprovecharlo, pero difícilmente aplicaría a grandes ofertas de café.
En nuestro país, consumimos menos de 700 gramos por habitante; nuestro mercado representa unos S/ 1,500 millones. Sin embargo, la mayor parte de ese consumo corresponde al café instantáneo, es decir el café industrial en polvo que no llega a trasladar valor al productor nacional. Es un sueño imaginar que, al igual que Estados Unidos, los peruanos consumamos un café recién pasado, de cafetera, algo que en solitario promueve Omar Moreno con su programa “El Cafeteador” lo pueden seguir en Facebook.
Adicionalmente, nuestros cafetaleros están heridos. La roya les pasó por encima, hace más de cinco años, y hasta la fecha no se recuperan financieramente. El coranavirus, al tener al ciudadano del mundo metido en casa, significará un aumento modesto del consumo. Sin embargo, esperar que a futuro mejoren los precios y podamos superar los USD 180 por saco en bolsa, es una ilusión.
¿Qué podemos hacer? primero explicar que la realidad es dura, nuestra estructura productiva se divide en tres bloques: Un bloque que sabe trabajar productividad y/o calidad, ellos no superan el 30%; hay otro bloque que está en el punto medio sobreviviendo y organizado en cooperativas, ellos quizás lleguen al 30%; y el tercer bloque de pequeños productores, sin organización, que difícilmente se levantarán y varios de ellos ya han abandonado o migrado de cultivo. No necesitamos mucho estudio para estimar que nos quedaremos con menos de 300 mil hectáreas de café a nivel nacional.
El Plan Nacional de Acción del Café promovido por PNUD, MINAGRI y el Consejo Nacional del Café representa una oportunidad. Debemos empezar por el mercado, definir una marca colectiva/país que certifique la calidad del producto al punto de marcar un nuevo estándar en bolsa. Al principio solo participarán algunos productores que cumplan, pero luego irán ingresando otros. Solo en estos productores, dispuestos a trabajar calidad y productividad bajo esquemas supervisados, debería concentrarse el soporte a brindar en capitalización, financiamiento, asistencia técnica y genética. Además, necesitamos promover más el consumo interno y apagar el énfasis de los médicos por prescribir el café a diestra y siniestra. Malo para la presión, alergeno, cáncer… Hay que enseñarles a distinguir al café bueno del otro.
Por Angel Manero Campos

29 de febrero de 2020

LA TIERRA PROMETIDA DEL AGRO PERUANO

Al ver las imágenes de la detención de Yehude Simon -cual Josué preocupado al ver el tamaño de las murallas de Jericó- por presuntos dineros mal habidos relacionados a Odebrecht, me trajo el recuerdo del año 2006; él era Presidente Regional de Lambayeque y, siendo yo, Director del Banco Agropecuario lo acompañé a una visita de campo por las tierras de Chongoyape, la hora de salida fue 4:30 am. No hay duda que el proyecto Olmos se materializó en buena parte por el empuje que le puso Yehude al proyecto, y me quedó claro que él realmente tenía la convicción de la importancia de la agricultura para el país.

El proyecto Olmos fue un sueño, de cerca 80 años, de los lambayecanos. Pero un sueño que se hizo realidad a medias. Irrigar parte de las enormes pampas de Olmos se logró. El Estado invirtió cerca de USD 600 millones (con alitas incluidas) para vender luego 38 mil hectáreas al sector privado. Es decir, la inversión del Estado fue cerca de USD 16 mil por hectárea. La parte del sueño, no cumplido, fue que esas tierras no se vendieron a los lambayecanos con facilidades de pago; sino que se vendieron al contado, a empresas que podían pagar por lotes de entre 500 y 5,000 hectáreas con compromiso de inversión garantizado.

Lo anterior tiene su lado bueno y malo. Ya lo dije antes, se debió respetar la Ley 27887 que dispone que del total de la extensión de tierras habilitadas o eriazas de los proyectos especiales hidro-energéticos y de irrigación del país, financiados con fondos públicos y/o cooperación internacional, se debe adjudicar directamente hasta el 30% del total de estas tierras a pequeños productores.

Las tierras de Olmos se vendieron en promedio a USD 5,500 por hectárea en los años 2011 y 2012 y a la fecha el valor de mercado de estas tierras es cerca de USD 15 mil por hectárea. Tendencia que es muy probable siga en aumento; y que estas tierras se revalúen a USD 30 mil para el año 2031 (fecha en que vencerían los beneficios de la ley de promoción agraria).

El territorio peruano tiene cerca de 128.5 millones de hectáreas. De ellas, aproximadamente 60 millones corresponden a la amazonia. Solo tenemos 2.5 millones de hectáreas cultivadas decentemente (bajo riego permanente) es decir menos del 2% de nuestro territorio.

A la fecha, la tierra le hace ganar 200% de rentabilidad nominal, a quienes compraron en Olmos. Las tasaciones actualizadas de terrenos, permiten mejorar la posición patrimonial de las compañías y pintan de azul los estados financieros, mejorando el acceso al capital y financiamiento. Además, las Normas Internacionales de Contabilidad en específico la NIC 41 permite revalorizar cada año las plantaciones; bajo este esquema, las empresas que tienen cultivos permanentes pueden mejorar, en adición, sus ratios financieros. En base a lo anterior, destaco las últimas operaciones de levantamiento de fondos que ha realizado la empresa Camposol, atrás quedaron los años difíciles cuando solía tomar deuda con TEAs por encima del 10% y con prima adicional de riesgo.

La tierra y la mejora constante de su valor, es vital para el desempeño agroexportador. Que los proyectos de irrigación acaban subsidiando estas inversiones, también es cierto. Pero es algo necesario y repito algo que también debe beneficiar a pequeños inversionistas.

No debemos dejar de soñar en expandir la frontera agrícola. No olvidemos Concón-Topará en Cañete y Pampas Verdes en Ica; y nuestro mayor sueño: El desierto de Sechura en Piura. Este desierto tiene una extensión de 500 mil hectáreas. Si quisiéramos irrigar 200 mil de ellas, necesitaríamos represar 2 mil millones de metros cúbicos (MC) lo equivalente a dos Poechos originales. Para Piura esta cantidad de agua es nada, sobra decir que por su río bajan 2 mil MC por segundo en temporada de lluvias altas. Además con tanta lluvia, ese desierto debe tener unos acuíferos importantes.

Perú tiene mucho desierto y agua, que almacenada, nos puede hacer crecer sin problemas en un millón de hectáreas en la costa. El reto es el mercado para tanta oferta que podríamos desarrollar, es decir la demanda que sustente las inversiones. Por lo pronto vamos anunciando, afectuosamente, a Chile que se olvide de renovar sus plantaciones de arándanos y palta, aquí vamos a producir por ellos. No obstante, debemos ponernos las pilas, la amenaza viene a ritmo de cumbia y se alimenta con bandeja paisa.

Realizar la prospección futura de las oportunidades para el agro del Perú es algo que necesitamos con urgencia, hay oportunidades que atender y riesgos que administrar. Vinculado a ello, cómo podemos respaldar el desarrollo de una industria alimentaria a partir de nuestras fortalezas en campo ¿lo vegano? y algo que vamos a discutir fuerte en las próximas elecciones presidenciales: ¿Qué vamos a hacer con la moratoria a los transgénicos?

Ing. Angel Manero Campos

23 de febrero de 2020

UNA TIA DE 30 AÑOS


Las Tecnologías de Información para el Agro (TIA) ya están cerca de cumplir 30 años en el Perú. Eran los inicios de los 90s y aprendí a utilizar las primeras computadoras personales AT-286 que teníamos en la facultad de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional de Ingeniería. Cerca del año 1994, nos invitó la Red Científica Peruana (RCP) a la presentación de lo que sería la internet en el Perú (era desesperantemente lenta) meses después utilizábamos los primeros correos electrónicos institucionales; los gratuitos como “LatinMail”, “Yahoo” o “Hotmail” salieron recién a partir de 1996.

Era 1998, yo estudiaba la carrera de Ingeniería Agroindustrial en USIL y en conjunto con unos amigos lanzamos lo que sería una de las primeras web especializadas en agro (www.agroindustrias.org) hacíamos entrevistas y colgábamos artículos que tenían muy buena acogida.

En el año 2,000 creamos el grupo de interés “agroindustrias” el mismo que a la fecha se llama “Agronegocios en Perú” dicho grupo es una red de más de 5 mil profesionales, funcionarios públicos y gente de las empresas del sector; que solemos intercambiar noticias, opiniones, ofertas de compra y venta etc. La red funciona a través de una plataforma que recibe y distribuye correos electrónicos.

En el año 2008, en conjunto con Fernando Cillóniz y los hermanos Samalvides, lanzamos Agencia Agraria de Noticias (Agraria.pe) un proyecto para hacer prensa en el agro. Agraria.pe elabora notas propias de índole empresarial y de promoción de negocios, hace entrevistas y cubre eventos. Es hoy en día el principal referente en la comunidad de agronegocios del país. Emite un boletín diario que llega a los correos electrónicos y mantiene vigencia en redes sociales. Este proyecto cuenta con el auspicio de principales empresas del sector.

En al año 2012, conjuntamente con Juan Escobar lanzamos la web especializada www.agronegocios.pe un proyecto que buscaba ser una plataforma de intercambio comercial del sector agro. Es decir, fomentar ventas en línea de productos y servicios agropecuarios. El proyecto sobrevivió tres años, tenía bastante interacción y la sección de avisos clasificados era un éxito; sin embargo, rentabilizar el proyecto fue un asunto que no se resolvió.

En el año 2000 iniciaba la bolsa de productos en el Perú, que es un mecanismo similar a la bolsa de valores, pero transa productos físicos depositados en un almacén autorizado o la promesa “garantizada” de entrega futura del bien. Yo fui parte del equipo de Wiese Sudameris SAB y logramos negociar maíz, afrecho, espárragos en conserva, galletas fortificadas y leche UHT para desayunos escolares. El gran error de la Bolsa de Productos fue depender mucho de las compras estatales de los programas sociales y no buscar sostenibilidad más allá. Años después, el Estado se retira de las negociaciones en bolsa y se cae todo el sistema.

Según el INEI, el 48.7% de los peruanos accede a internet regularmente. Para COMSCORE del total de usuarios de las redes sociales: el 86% ingresa a Facebook, 11% a Instagram y 2% al Twitter. Facebook tiene 22 millones de cuentas registradas en Perú y de ello, 7.8 millones de personas interactúa diariamente. Adicionalmente, para DATUM, el 64% de la población utiliza el WhatsApp.

El día de hoy, en una entrevista a Richard Webb publicada en El Comercio, él menciona una estadística importante: “Es el cambiazo más grande en los últimos 10 años. Hace más de 10 años, según la Encuesta Nacional de Hogares, menos del 10% de las familias rurales tenía celular, ahora es alrededor del 80%. Es otro mundo, es otra vida”.

Lo anterior que menciona Webb es algo que también observo en mis queridas provincias de Cañete y Yauyos. Donde productores agropecuarios de zonas muy apartadas suelen escribirme por el Facebook y después ya nos comunicamos por Whatsapp.

En conclusión, vivimos un momento propicio para promover los proyectos de tecnologías de información para el agro. No solo porque la tecnología permite comunicaciones rápidas e instantáneas, sino porque el sector rural se está conectando mucho y ello permite tener una masa mayor de usuarios (me imagino llegar a 500 mil usuarios de las más de 2 millones de familias de productores agropecuarios) lo que implica un mercado potencial por explotar, que en resumida cuenta es una fortaleza para rentabilizar los proyectos tecnológicos.

Actualmente, asesoro a la empresa Planeamiento & Gestión SAC en un proyecto de TI para el agro de la Región Junín. Este proyecto se enmarca dentro del programa CREATEC que promueve el MINAGRI y el BID. Es una gran oportunidad para este tipo de emprendimientos y es necesario destacarlo.

Ing. Angel Manero Campos

18 de febrero de 2020

LA LEY MADRE PARA EL AGRO

Fernando Belaunde Terry solía hablar de la “lengua madre” para referirse al quechua, evocando los “Comentarios Reales de los Incas” de Garcilaso de la Vega. El quechua era una lengua en evolución cuando llegaron los españoles, una lengua de exclusivo uso oral pues no tenía escritura. Como sabemos, la escritura es uno de los elementos centrales para fortalecer una cultura y una estructura de poder más sólida.

La lengua madre existió y fue quizás el mejor instrumento de expansión de los Incas, una herramienta que funcionaba a pesar de sus limitaciones. Del mismo modo, existen leyes que funcionan a pesar de sus defectos o carencias; y del otro lado, existen leyes espectaculares en cuanto a objetivos y fines pero que no logran resultados en la práctica.

El gobierno de Toledo nos dejó la idea de compensar el daño, al agro nacional, por las importaciones que vendrían a partir de los TLC. Solo en idea, porque en la práctica: el trigo, maíz, y los lácteos han sido afectados, sin recibir medidas compensatorias que hayan amortiguado el golpe.  

Después, fue abrumador ver las ganas del presidente García por sacar adelante su Sierra Exportadora; pero la dimensión del reto, más la falta de instrumentos apropiados y la poca voluntad de sus ministros por avanzar con el tema, hicieron que esto solo quede en un sueño.

Humala, pensó que con inversiones en infraestructura de almacenamiento de agua iba a resolver el problema del agro. Su programa “MI Riego” además de ser muy limitado, se quedó en la ineficiencia de ejecución, con obras paralizadas e inconclusas hasta la fecha.

PPK nos dejó AgroPróspero, una propuesta que combinaba infraestructura, siembra y cosecha de agua y asistencia técnica. Sin embargo ya sabemos qué pasó con PPK. Aunque mucho antes ya se había abandonado la propuesta, luego de la salida de Hernández del MINAGRI. En adición, las inundaciones del 2017 prácticamente dejaron al Ministerio como el recurrente “descolmatador de los ríos”.

El Congreso de la República por su parte, nos ha dejado leyes para favorecer los mercados agropecuarios, la tecnología, las semillas, la siembra y cosecha de agua, la promoción de plantaciones forestales etc, etc. Solo nos falta la Ley para que los grupos religiosos promuevan agricultura en zonas de frontera…  bromas aparte, hay que decir que casi todas estas leyes han partido de buenas intenciones, pero en la práctica solo han contribuido al calentamiento global, gastando papel innecesariamente.

La reciente aprobación por parte del gobierno del DU 043-2019 para extender los beneficios de la Ley de Promoción Agraria (27360) por 10 años más; dejó en claro, que ésta es una ley para la agroexportación; quedando en el deseo, una Ley que verdaderamente sirva a los intereses de la pequeña agricultura. La Ley Madre del Agro que muchos pedimos y queremos, pero creo que nadie sabe cuál sería.

Si seguimos la inercia, cada año la pequeña agricultura empeorará.  Ya lo he explicado antes, la oferta del agro es más grande que la demanda local, por ello los precios y el poder de mercado de los pequeños productores es nulo. La teoría económica diría que progresivamente la oferta disminuirá y los precios mejorarán. El punto es que este “milagro económico” debió darse hace más de 20 años, pero la dispersión y nula coordinación de más de dos millones de pequeños productores hace muy difícil alcanzar un equilibrio razonable de mercado. Está claro que necesitamos menos oferta de alimentos o más demanda por ellos.

La menor oferta local de alimentos se puede dar si incorporamos cultivos industriales no alimentarios, exportando más o simplemente dejando que el agricultor deje de sembrar. Esto último se viene dando, a baja intensidad, con la venta de predios agrícolas para proyectos urbanos. Pero para que tengan una idea, una ciudad de mil cuadras residenciales, requiere una extensión de mil cuatrocientos hectáreas; ello es poco si consideramos que, solo en la costa, tenemos más de 500 mil hectáreas de pequeña agricultura.

El punto es que si dejamos esto a la propia dinámica del mercado, el costo social será muy alto para el país. Parte de ese costo ya lo venimos pagando con el abandono del sector rural, hacinamiento de las ciudades, desempleo y pobreza. Dejar el problema del agro sin respuesta por parte del Estado, implica reconocer que la clase dirigente del país no sirve al pueblo.

Mucho de lo anterior, es un proceso que se da en el mundo; sin embargo, el mundo ha sabido implementar programas de subsidio al precio, o bonos al productor, compra de la producción o fondos para compra de tierras rurales o simplemente cerrando sus fronteras a la importación.

¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Una gran Ley puede resolver un problema tan complejo? para empezar, las leyes no necesariamente las deben desarrollar los abogados (ellos pueden asesorar y corregir el texto final) una Ley para el agro debe hacerse con gente de experiencia en legislación, en gestión ministerial, de gobiernos regionales, en producción agropecuaria y de negocios en el sector privado. Hacer una Ley pasa por proyectar, en la práctica, cómo funcionaría operativamente, y superar todos los cuellos de botella para que realmente funcione. Una Ley y su reglamento son partes del mismo cuerpo y deben hacerse al mismo tiempo.

La Ley Madre que requiere el agro, necesita de las mejores mentes, personas y voluntades; al inicio será construir una torre de babel con muchas lenguas, pero es posible orientar una propuesta sólida. Esta propuesta diseñará un instrumento que no será para el 100% de la masa de pequeños productores -en términos de mercados, logística y presupuesto ello representa un imposible material- pero sí podríamos llegar a más del 20% de la masa de pequeños agricultores, lo demás mejorará como consecuencia del dinamismo propio del sector.

Mi propuesta pasa por un agresivo programa de desarrollo de proveedores, algo que diseñé en el 2017 siendo Director Nacional Agrícola, pero quedó en la incubadora. Dicha propuesta pasa por vincular de manera efectiva a pequeños productores con cooperativas, empresas industriales o empresas agroexportadoras con un paquete de incentivos fuerte para capitalización, financiamiento, tecnología, semillas y asistencia técnica. Este programa llegaría a unos 500 mil productores agropecuarios bajo la premisa de: mercado seguro e incentivos para que los mismos privados hagan negocio con una subvención estatal. Es lo más seguro que puede hacer el Estado en términos de minimizar riesgos.

Un programa como el anterior costaría cerca de S/ 1,500 millones anuales, durante 10 años. Es algo que se podría montar rápido y sin mayor burocracia, implementando un nuevo componente en el programa AGROIDEAS.

Ing. Angel Manero Campos

7 de febrero de 2020

AGRO: LA GUERRA DE DOS MUNDOS


La Universidad Agraria La Molina se acordó que debe ser el centro de la agenda agro del país y organizó un seminario de análisis sobre la pertinencia de la extensión (mediante DU 043 – 2019) de la Ley de Promoción Agraria (Ley 27360).

Resalto de la jornada; los mundos opuestos en las presentaciones de Eduardo Zegarra y Fernando Cillóniz. Para Eduardo, es impertinente la Ley de Promoción Agraria porque brinda un trato diferenciado a empresas que ya tienen cientos de millones en ventas y más de 10 mil trabajadores bajo el régimen agrario y porque además se les recorta los derechos laborales a dichos trabajadores; para completar el combo, siguió con la preocupación por la sostenibilidad ambiental y uso del agua. Para Fernando, la Ley de Promoción Agraria es un elemento de formalización del empleo en el sector y además el sine qua non para la inversión y sostenibilidad del mismo; para completar el combo, siguió con un avemaría por la constitución de 1993 y la propuesta de extender la ley 27360 a todos los sectores.

Si hay que resumir de modo coloquial lo anterior: para Eduardo Zegarra, la Ley de Promoción Agraria y su extensión es obra de satanás; y para Fernando Cillóniz, dicha Ley nos salvó del cólera, ébola y nos librará del corona virus.

A mi parecer ni uno, ni lo otro. El desarrollo agroexportador que es vital para el país, se gatilló principalmente por la facilidad del acceso a la tierra y su bajo costo dado que los terrenos de Villacurí prácticamente se invadieron y los proyectos de irrigación vendían a USD 1500 la hectárea en promedio. El espárrago fue el jalador de todo esto, un producto con mercado y ventajas comparativas que lo hacían rentable. Lo demás ya fue inercia de empresas que querían seguir creciendo, un SENASA que ayudaba a abrir mercados y una Ley 27360 que acompañó bien sin ser el gatillo principal.

Sobre el tema laboral, yo invitaría a la gente de izquierda a ir una madrugada 4:30 am a la Avenida La Mar del distrito de Imperial, provincia de Cañete.  Van a ver un mar de gente desempleada, esperando que llegue un jalador a darle la chamba para el día. Verá que en buena temporada menos del 10% se queda sin chamba. Pero el resto del año, más del 30% no consigue para el sustento diario. La base fundamental debe ser que haya trabajo, empecemos por allí -con todos los derechos, con menos derechos- es lo que menos le importa al hombre o mujer que no consigue algo.

Además, hay que decir bien claro que el sector agroexportador goza de tres subsidios: el drawback, menor pago de ESSALUD y el impuesto a la renta de 15%. ¿Hizo bien el gobierno en extender los beneficios de la Ley de Promoción Agraria por 10 años más? Yo creo que sí.

Quién en su sano juicio con un mundo revuelto entre USA y China, con el virus éste y después vendrá otro, y con una economía peruana que crece pobremente; va a poner en riesgo el crecimiento de la agroexportación, que es uno de los pocos motores de la economía que nos queda ¿Quién va a ser tan loco para cargar con el peso de quitar una Ley que -a pesar de sus defectos- es muy útil? ¿el nuevo congreso?

El nuevo congreso tiene que asegurarse de no pasar a la historia como un accidente más de la democracia. Debe concentrarse en elegir bien a los miembros del TC, en darle forma y acabar la reforma política que es un sancochado y sin duda la reforma de justicia. Más allá de eso, no alcanzará tiempo y es recomendable no exponerse a querer hacer todo para acabar haciendo nada.

Para finalizar y al igual que en el libro “La Guerra de Los Mundos” de Orson Welles, no fueron los tanques, ni los barcos de guerra los que destruyen a los invasores extra-terrestres; lo que los mató fue un virus similar a una simple gripe. Del mismo modo, será el crecimiento de misma la agroexportación lo que resuelva el problema de la informalidad y precariedad del empleo en el campo.

En 10 años será el trabajador quien ponga las condiciones a razón de que la mano de obra será escaza. Que me pagas la grati en julio y diciembre o me depositas la CTS o cualquier otro tema, no será relevante al final. Será el trabajador quien diga me pagas tanto diario, al mes o al año y de esta forma. Claro está que progresivamente el campo se va ir tecnificando más, para llegar luego a un equilibrio. Pero los siguientes 10 a 15 años se caracterizarán por escasez de mano de obra.

Por Ing. Angel Manero Campos

30 de enero de 2020

UNA PAPA MÁS, SÍ IMPORTA


Mi amiga Celfia Obregón, quien lidera el CITE papa, acaba de publicar un importante estudio sobre el uso y destino de la papa importada en el Perú. El estudio menciona que importamos 50 mil TM de papa procesada, de ellas 33 mil TM corresponden a papa pre-cocida congelada, el resto es almidón o fécula de papa en su mayor parte.

Estas 33 mil TM de papa se importan a un valor de 0.84 USD/kg dando un total importado de USD 28.1 millones en el 2019. De las casi 250 mil TM de papa procesada que insumen las pollerías y centros de comida rápida, 33 mil TM son importadas. Es decir solo el 13% de la demanda local de papa, pre-cocida congelada, es importada.

Esas 33 mil TM importadas representan menos del 1% de la producción nacional, que bordea los 5 millones de TM.  No se entiende, muchas veces, el alboroto si lo importado es ínfimo.

Sin duda, la polémica está en que nos importen 33 mil TM a un país como el Perú, que tiene más de 3 mil variedades y es el lugar donde nació la papa. Más aún que nos importen una variedad tipo UNICA que fue liberada por el Centro Internacional de la Papa a fines del siglo pasado, investigación y desarrollo que se hizo precisamente en nuestro país.

Esos USD 28.1 millones de papa pre-cocida congelada importada, tampoco es un negocio despreciable. Perú tiene una capacidad instalada agroindustrial de congelado de frutas, de las más importantes del mundo. ¿Por qué estas empresas no han entrado al negocio?

Lo mismo me preguntaron en RPP hace un par de años y mi respuesta fue que hacerlo, aquí, no es muy competitivo. Me explico:

El valor de importación aproximado de USD 0.80 por kilogramo es por un producto puesto en Lima. Imaginemos que un agroindustrial quiere ofertar este tipo de papa, vamos a ir para atrás para ver cuánto podría pagar por la materia prima.

Precio de venta por kilogramo es USD 0.80, menos 20% de utilidad bruta, queda USD 0.64, a ello 
restemos USD 0.25 de costo de procesamiento, queda  USD 0.41. A ello restemos 20% que es la merma del proceso queda USD 0.32, a ello restemos USD 0.08 de logística y flete interno entonces queda USD 0.24 (S/ 0.80) para pagar en chacra por una papa de primera calidad y gran tamaño.

Esos 80 céntimos le conviene el agricultor cuando el precio está bajo, pero cuando el precio sube no es negocio, entonces la industria se quedará desabastecida. De modo que el riesgo de abastecimiento de materia prima, a precio competitivo, es el principal cuello de botella para este negocio.

¿Cómo se resuelve esto? Haciendo una integración vertical completa. La agroindustria debe sembrar su propia papa, principalmente en costa y en terreno arenoso para ganar tamaño y pocas imperfecciones. Es posible hacerlo, pero aún hay opciones mucho más rentables para las empresas en otros productos; y por eso no lo hace todavía. Lo hará más adelante, estoy seguro que sí.

Por Ing. Angel Manero Campos